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marzo 2023: el disfrute no productivo 🎡

published19 days ago
9 min read

Si querés poner una canción de fondo mientras leés este newsletter, te recomiendo Nicht jeder Tag, de Max Prosa​

¡Hola! ¿Cómo estás? Yo bien, de vuelta en Berlín por un par de días para partir el finde a un nuevo destino viajero. Estoy de acá para allá con mi prima/ahijada, a quien para los 15 le habían regalado un viaje a Europa conmigo, el cual por la pandemia se postergó y terminó sucediendo ahora, a sus casi 18. Es un viaje que tengo en el radar hace rato y que, por lo tanto y por suerte, pude planear bien. El desafío para mí era doble: por un lado quería que ella conozca y disfrute, preparando actividades especiales que la dejen inspirada para cuando vuelva a Buenos Aires y arranque la universidad. Por el otro, quería encontrar la forma de compartir tiempo con ella disfrutando yo también, pero sin descuidar mis responsabilidades... lo cual no es un balance nada fácil.

Para balancear todo esto me armé una planilla (si ya saben cómo me pongo pa qué me invitan) en la que volqué las horas que iba a estar en un cowork trabajando y las horas que iba a permitirme salir a pasear. Para lograr ese objetivo mantuve la carga horaria de mi trabajo freelance con el estudio con el que colaboro en Berlín, pero reduje la carga de mi propio proyecto, Minicarbono, a la mitad. ¡Creo que fue un balance bastante exitoso! Un día en Amsterdam, por ejemplo, pasé la mañana en mercados vintage, caminando por Dam Square y recorriendo Jordaan, paré para almorzar en un lugarcito pequeño y hermoso, de ahí me metí de lleno en un cowork a tener una reunión, di una mentoría y contesté mails, para después salir a recorrer la zona roja. Me sentí un poco malabarista sosteniendo todo, pero estuvo muy bien.

Igualmente esto que te cuento, ya resuelto y con el diario del lunes, suena facilísimo pero representó un verdadero desafío para mí. Ya el solo hecho de elegir conscientemente reducir a la mitad la carga horaria de mi proyecto para dedicarme a pasear fue todo un proceso personal, porque no me estaba tomando vacaciones (esas me las tomo más adelante), sino que era un híbrido extraño, sobre todo con el agregado de tener a cargo una menor que entretener (y mantener a salvo). Teniendo todo esto en cuenta y sabiendo lo que se venía, este viaje, además de prepararlo en una planilla, lo preparé en terapia. Mi psicóloga me dijo que lo vea como una oportunidad terapéutica de salir un poco de mi estructura diaria y probar cómo me va aplicando mis herramientas en un entorno más flexible, balanceando situaciones. Ese reframing me ayudó mucho a no entrar en un loop de pensamientos culpógenos u obsesivos por “no estar haciendo lo que debería estar haciendo” y así fue que pude organizarme para tomarme algunas mañanas, otras tardes e incluso algunos días enteros para pasear y recorrer.

En Segovia, por ejemplo, me propuse no hacer ningún plan más que dedicar el día a buscar con Sofía los spots exactos que eligieron nuestra abuela y tía abuela en sus fotos hace 22 años, cuando visitaron juntas esa ciudad. En otro momento hubiera planeado al detalle todo lo que tenía que ver en Segovia (e incluso lo hice en otras ciudades), pero para esta experiencia decidí dejarme fluir y entregarme a esta actividad fotográfica cero turística y cero productiva pero muy, muy divertida. Esta búsqueda del tesoro fue sin dudas un highlight del viaje para las dos, y las fotos algo que ambas generaciones de mi familia vamos a atesorar como un hermoso recuerdo.

En Amsterdam* durante una tarde de paseo seguí un impulso y me metí en un local de piercings a cambiar mis dos aritos de la nariz por unos dorados, algo que vengo queriendo hacer hace un montón. Lo que en principio era solo un cambio terminó en una nueva perforación, porque tenía un agujero cerrado, pero lo hice igual y salí feliz. La Señorita Plan hubiera pasado mucho tiempo evaluando el mejor momento para hacerse un piercing (no en invierno porque tengo mocos, no en verano porque me meto al agua), buscando el mejor lugar para hacerlo y comparando precios. Pero esta versión mía, la que se permite el disfrute no productivo cada tanto y caminar sin rumbo dejando que la vida la sorprenda, decidió dejar de pensar un poco y hacer eso que le dieron ganas de hacer. Ahora, sentada en mi escritorio personificando a La Señorita Plan otra vez, me miro al espejo, le agradezco a la otra Carla por este regalo y pienso que, si la dejo salir a pasear más seguido, seguro me siga dejando sorpresitas lindas como esta.

*Pssst, si querés chusmear mis descubrimientos favoritos de Amsterdam y guardarlos como referencia para cuando visites la ciudad, te los dejé acá.

En su libro The Happiness Project, Gretchen Rubin cuenta que se propuso soltar un poquito y cada tanto a la Gretchen hiper eficiente: “Mi resolución de salirme un poco del camino pretendía empujarme a encontrarme con pensamientos inesperados, escenas desconocidas, gente nueva y yuxtaposiciones poco convencionales que son fuentes clave de energía creativa y felicidad. En lugar de preocuparme siempre por ser eficiente, quería dedicar tiempo a explorar, experimentar, divagar y a entregarme a intentos fallidos que no siempre parezcan productivos". Yo también creo que permitirse el disfrute no productivo es, al final de cuentas, productivo... solo que de una menos obvia o instantánea: cuando me permito disfrutar, fluir y dejarme sorprender, soy una persona más creativa, relajada, agradable y divertida, y creo que eso no es solo bueno para mí sino para todas las personas que me rodean.

Esta búsqueda del disfrute consciente y no productivo es algo que surge seguido en mi vida y creo que es un esfuerzo que, en este mundo que siempre nos está empujando hacia la hiperproductividad, nunca va a terminarse. Por eso te estoy escribiendo sobre esto, porque creo de verdad que recordatorios como este nunca vienen mal. Si vos también sentís que necesitás un empujoncito a la hora de soltar un toque la productividad y permitirte disfrutar de algo que no necesariamente te va a dejar plata o reconocimiento, en este news te voy a compartir algunas cositas que pueden sumar. ¿Arrancamos?

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Un recordatorio

Estas notas para creativos que ilustró Mélanie Johnsson merecen un lugarcito especial en nuestra mochila creativa. En esta cultura donde es necesario mostrarse productivos todo el tiempo, encontrar tiempo para una se vuelve un desafío constante y es muy fácil olvidarse del disfrute y el placer. Ella nos lo recuerda.

Un concepto

Mirar a la nada, quedarse sentada un rato sin ninguna actividad planeada o tomarse un café en silencio son cosas que, lejos de ser una pérdida de tiempo, son un arte en sí mismas. Niksen es una palabra que usan los neerlandeses para referirse al poder de la pausa y de no hacer nada. La idea de Niksen tiene que ver con dedicar tiempo y energía de manera consciente a hacer cosas consideradas improductivas, como mirar por la ventana. En esta nota del NY Times hablan de Niksen como “un auto que tiene el motor encendido, pero no se dirige a ningún lado” o “el momento en el que no estamos haciendo lo que deberíamos, tal vez porque no queremos o no nos sentimos motivados. En lugar de eso, no hacemos gran cosa”. Quizás, la próxima vez que sientas tentación de no hacer lo que deberías por un ratito, en lugar de castigarte puedas hacerle un reframing pensándolo como Niksen, y verlo como un arte digno de disfrutar.
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Un libro

Ya mencioné en otro news el libro Do Pause: You are not a to do list de Robert Poynton, pero la realidad es que le tengo tanta pero tanta resistencia a este tema que nunca pude avanzar más de 10 o 20 páginas. Finalmente lo leí entero, y resultó que me encantó e inspiró muchísimo. De hecho, ahora que te lo cuento, pienso que es probable que haya sido esto lo que me llevó a querer escribir sobre este tema. Te dejo el link de Amazon por si querés chusmear, y una quote sobre la percepción del tiempo que me encantó:

"Benjamín Franklin hizo mucho por popularizar la noción de que el tiempo es un bien escaso y que hay que usarlo con eficiencia, sobre todo en su famosa frase 'el tiempo es dinero', la máxima expresión de este punto de vista. La idea tuvo tanto éxito que hoy en día rara vez la cuestionamos, simplemente parece la verdad. Pero no lo es. Tendría sentido si fuéramos máquinas, pero no lo somos. Nuestra plenitud no deriva de ser lo más eficientes posible. El tiempo, tal y como lo experimentamos, no se compone de unidades regulares e intercambiables; no sentimos cada minuto, hora, día o año de la misma manera. El tiempo es nuestra experiencia, no una mercancía.”

Un ejercicio

Si a vos, como a mí, también te cuesta entregarte a momentos no productivos… ¿Qué pasa si le ponemos un nombre a esa identidad? Que no sea más nuestro lado “vago” o “procrastinador”, sino una versión entera nuestra que también necesita de nuestro amor y atención. Yo escribiendo este news decidí que mi versión relajada se llama Charla. ¿La tuya? Podría ser un nombre catchy que incluya el propio, también, por ejemplo la mía podría haber sido Chill Carla 😎. Creo que darle una entidad a esta parte de nuestra personalidad, en lugar de querer taparla y esconderla, puede hacer que sea más fácil darle lugar, dejarla pasar. “Me voy un ratito al sillón con Charla” suena mucho más mindful y atractivo (y esquizofrénico, digamos todo) que simplemente tirarme a hacerlo. Todas estas formas whimsical de ver la vida me encantan y me suman un montón. ¿Vos cómo la ves?

Otro concepto

¿Te pasa que a veces no estás haciendo nada y aparece en tu mente una idea genial? Yo tuve mis mejores ideas en los lugares más impensados (la ducha, el gimnasio, la cocina), y es un hecho que los momentos de inspiración repentina suelen aparecer cuando nuestra mente está relajada y no centrada únicamente en una tarea concreta. A mayor libertad, mayores son las conexiones nuevas que puede hacer nuestra mente entre ideas que al parecer son inconexas. En el libro Creative Confidence, los autores David y Tom Kelley hablan del concepto de “engaging in relaxed attention”, algo así como “prestar una atención relajada”, que es una invitación a fomentar espacios en los que dejamos de posar nuestra atención en una tarea específica, y simplemente nos permitamos observar nuestro entorno con la mente relajada. Me parece un lindo concepto para tener presente en viajes en colectivo, por ejemplo: en lugar de mirar el celu o leer, podemos probar cada tanto la atención relajada mirando por la ventana y dejando que la mente acomode solita todo lo que estuvo acumulando hasta ese momento.

La Baumhaus

Sumarte a La Baum este mes es una idea divina para activar en la dirección del disfrute no productivo. Durante marzo vamos a darle forma a nuestra identidad no productiva (además de un nombre, le vamos a inventar un look completo) y vamos a ver y debatir una peli animada de Studio Ghibli (100% disfrute, 0% productividad). La Baum es un espacio sin presiones donde sabés que siempre que necesites vas a encontrar ideas para activar, pero que si no siempre va a estar ahí haciéndote compañía con insights, perspectivas, apoyo, propuestas, palabras de aliento o simplemente un abracito virtual. “Es una comunidad de verdad, nunca vi algo así” dijo Giuly en una call que tuvimos hace poquito, y la verdad es que tiene razón. Es algo muy lindo y único que, si resuena con tu búsqueda, creo que te puede gustar un montón. 🦊 Todos los encuentros son opcionales, no se trata de productividad sino de mantenerse en conexión con la creatividad y el disfrute. Si querés ser parte, por aca: Ir a La Baumhaus ​

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¡Eso es todo por este mes!

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Y si querés practicar el disfrute no productivo, podés empezar ahora mismo (sin culpa, che, que la vida es una sola y no se trata solo de producir sino de vivir la experiencia completa)

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Gracias por estar del otro lado, significa un montón. ¡Nos leemos el mes que viene!